DESDE FUERA | O |
04 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.NO SÉ usted pero yo sólo conozco a tres gatos. Mantengo con ellos un trato distante. No sé sus nombres ni ellos han preguntado por el mío. De hecho, tienen ventaja. Yo me he fijado en ellos y veo el transcurrir de sus vidas. A ellos la mía no le importa nada. Les pondré pues un nombre y les contaré su vida. Walter es un gato de jardín. Es un gato campestre blanco y negro. Ningún gato, aunque su amo se lo crea, tiene dueño, pero a Walter se le nota demasiado esa conciencia de ser libre. Tiene y pasea un aire de suficiencia cuando pasa frente a nuestra puerta que, al observarlo, uno no tiene más remedio que decirse, ¡cuántas veces me gustaría ser Walter!. Un día come aquí, otro allí. Puede que no le agrade, tal vez un lunes o un jueves de lluvia, el menú del vecindario... no importa. Una tarde de septiembre saltó el alféizar de nuestra ventana y salió al poco con un lenguado en la boca. Ni nos miró ni apuró el paso. Con señorío. Vamos, un concejal marbellí en días de gloria. Ese es Walter. Otra cosa es Jeremías. Así como Walker vive en el extrarradio, Jeremías reside en el centro de Noia. No es muy exigente en cuanto al espacio. Vive en una ventana. Allí se pasa el día dormitando y en sus ojos persas maravillosos se reflejan las presencias apuradas de los humanos entrando y saliendo de la farmacia abierta frente a su ventana. Está bien cuidado. Dieta de lata. Pelo lustroso. Sueño de oro. Jeremías se sabe príncipe. Príncipe sabio pues enseguida le notas que su abulia sólo se debe a su total falta de interés por llegar a rey. ¡Huy, eso de tomar decisiones...! No, no. Eso no va con Jeremías. Lo suyo es ver la humanidad entrando y saliendo de la farmacia. Mi último gato conocido es Líster. Fue un angora. Deambula por las calles del centro de Noia. De Caixa Galicia al Marina, arrastra sus últimos días con su extrema delgadez, y su calvicie galopante tal cual hubiese salido de uno o dos centrifugados. De vez en cuando, de las mesas del bar cae una patata frita. Otras, unos granos de arroz con calamares. Pobre Líster. Le miro y pienso: ¡Cuánto se parecen los gatos a los seres humanos!.