Ébora

MAXI OLARIAGA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

06 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

NO CONOZCO el caso más que por lo publicado por la Voz de Galicia. No conozco tampoco tampoco al protagonista de este caso. Conozco la foto. Me la sé de memoria. Un hombre encadenado a las puertas de su vida. Al fondo subyace una cuestión judicial. Un litigio entre partes, abogados y juez. Una toga negra que se abate sobre la cabeza del hombre del Ébora, que suplica por su vida. la ley esta para cumplirse, pero aunque la ley ocupara la mitad del escenario de la fotografía, la imagen seguiría siendo terrible. Un hombre quiere ganar su pan y para ello arriesga una fortuna futura y, por tanto, inestable, dejando en manos de la banca la casa materna como señal de afianzamiento. He ahí un castillo en el aire. Pero el hombre cree, tiene fe. Se conoce y está dispuesto a quemarse los soles y las lunas que transcurren ante su puerta, que se abre al ocaso litoral de Porto do Son. Quiere vivir de su negocio y devolver ,con intereses el préstamo bancario dando las gracias por el favor, no vaya a ser que el aval de la casa fuere una broma que se gasta la banca para tenerle a uno alerta y no quedarse con el inmueble en caso de impago. ¡Qué me dice usted! Pero falta un papel... ¡Un papel! Ese papel tan español. Ese papel que se acelera o frena según quién. cómo o porqué lo pida. Ese papel tan al uso del que carece el hombre de la foto y que a otros se les facilita sin que siquiera lo hayan solicitado. Ese papel que parece tener alas y vuela de mesa en mesa y nadie firma, nadie conoce, nadie ha visto porque es un papel menor para quien debe conocerlo y firmarlo. Sin papeles llaman a los inmigrantes, los mismos empresarios que sin papeles les contratan. Los mismos patrones que ni papeles tienen y, si los tienen, son falsos, para montar decenas de empresas ilegales. Pero también es un papel la foto del hombre del Ébora. Un papel que vale más que ningún otro, porque su falta le impide trabajar. Denle su papel ya.