Yo, consumidora

ALICIA FERNÁNDEZ

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

23 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ACUSO A todos aquellos que quieren cimentar sus expectativas de negocio y futuro en el proteccionismo radical, incluso por encima de las leyes, fomentando la exclusividad y coaccionando a los poderes públicos para que impidan el desarrollo del comercio en leal competencia y, por tanto, del libre mercado. A aquellos que sólo se acuerdan de mí para pasarme la factura o hincarme el diente en la Visa. A todos los que se olvidan de mis derechos como consumidora, que incluyen de forma inalienable tener la posibilidad de elegir entre distintos precios, calidades, marcas y comercios distintos. A los que desean febrilmente tener patente de corso y alcanzar el clímax comercial cuando ufanos, de palabra o pensamiento, te espetan esto: «O lo tomas o lo dejas, es lo que hay». Esos que en busca del nirvana planificado, hace tiempo que olvidaron que la atención personalizada, la proximidad y la especialización han sido y serán las columnas sobre las que asentar el desarrollo del comercio tradicional, porque los comerciantes de mayúscula y vocación cumplen sus objetivos con esfuerzo, perseverancia e ingenio. A los que olvidan que la historia está hecha así: las velas cedieron ante la electricidad, los caballos ante los coches y el humano ante la máquina. Pero los que innovaron y no quisieron poner puertas al mar, hoy nos venden velas para adorno, equitación para el ocio y el trabajo del buen artesano como calidad máxima y distintiva. Y así seguirá siendo a su pesar.