LA LLAVE
04 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.SE RECURRE con frecuencia a comparar los hijos que tuvieron nuestras abuelas con los nuestros, y siempre acaba saliendo la explicación de que entonces se pasaba hambre y los niños se criaban igual. A simple vista, parece que las generaciones actuales se aferran a la comodidad para controlar la natalidad. Si eludimos la manida explicación de que antes no había televisión y se estaba mejor en la cama que en el banco de madera, aún queda por apuntar que los hogares, afortunadamente, han dejado de ser cotos reservados para el capricho de los hombres, de tal forma que la irresponsabilidad reproductiva del macho no recae sobre la hembra, como antaño, que se veía obligada a estirar la escasa económica a costa incluso de su propia vida. Cae la población por muchas razones, entre ellas las dificultades para acceder a una vivienda, el trabajo de ambos cónyuges, la economía...