Intereses difíciles de conjugar

María Xosé Blanco Giráldez
M. X. Blanco RIBEIRA

BARBANZA

Análisis | Situación problemática La coexistencia de los usos náutico y pesquero en el puerto pobrense hace que la Xunta se enfrente a un dilema, ya que ambos sectores necesitan contar con más y mejores servicios

30 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El dilema que Vicente Irisarri está obligado a resolver no se presenta nada fácil. Los dos sectores que coexisten en la zona del muelle viejo pobrense tienen un peso importante en la economía del municipio, y ambos tienen argumentos más que suficientes para reclamar más y mejores instalaciones. Nadie duda, a día de hoy, de la importancia que el puerto deportivo tiene para el sector turístico. Estas instalaciones atraen cada verano a miles de turistas. Muchos de ellos llegan a bordo de embarcaciones de recreo y ni siquiera disponen de la infraestructura adecuada para ducharse o cambiarse de ropa. Parece lógico que un club náutico que dispone de trescientas plazas de amarre cuente con instalaciones modernas y funcionales. También sería interesante que la entidad deportiva pudiera poner en marcha la ansiada escuela de vela. Pero el proyecto ideado por el club Caramiñal para solucionar todas estas carencias choca de frente con las aspiraciones que tiene el colectivo marinero. Las casi cuatrocientas familias que viven de la pesca, el marisqueo y el sector mejillonero también tienen mucho que decir sobre el futuro del muelle pobrense. La Cofradía viene reclamando desde hace años más pantalanes, así como la construcción de galpones en los que poder guardar sus aparejos. En medio de los intereses de ambos colectivos está la voz del pueblo. Los vecinos saben que las reivindicaciones son justas, pero están convencidos de que el muelle es un atractivo turístico por sí mismo y no debe ser ocupado con más edificios.