El cuento del ogro

| MONCHO ARES |

BARBANZA

ESTAS DECISIONES salomónicas de prohibir los cohetes y las parrilladas en las romerías me recuerdan a aquel cuento del ogro que tenía un jardín al que entraban los niños saltando un muro bajo. Como el bullicio le molestaba, un día decidió hacer un cierre enorme. Los pequeños ya no pudieron acceder. La tristeza invadió aquel edén. Los pájaros dejaron de entrar. Los árboles se secaron. El invierno se instaló permanentemente. Un día, en medio de la penumbra, vio a un pequeño dentro del recinto y salió a verlo. No lo echó. Le dejó jugar y le ayudó a salir. Acto seguido, derribó el muro, y la vida regresó a su propiedad. Corto ahí, porque el final es contradictorio: triste para unos, feliz para otros. Primero, me cuesta creer que la prevención se logre a base de sepultar tradiciones; segundo, no entiendo una romería sin cohetes ni parrilladas; y tercero, ¿cuántos incendios empezaron en romerías...?