Volver

MAXI OLARIAGA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

05 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

TODOS QUEREMOS volver alguna vez. Por perdonar una ofensa o para pedir perdón. Reparar un daño, devolver una caricia, robar un beso. Volver para ser feliz aquella hora tan tierna. Amar a tu hermano o a tu amigo. Leer aquel libro, aquel poema que se te olvidó para siempre en la mesilla de una vieja pensión. O volver a casa como Carlitos Gardel con un bandoneón de nieve plateando las sienes. Es un ansia personal que escondemos a veces en un afán colectivo. Noia vuelve esta semana a sus días de espada y armadura, de escudilla pobre, de jumento y paja olorosa, caliente. De señores y siervos de injusticia siempre. Y vuelve Noia con alegría como si aquel tiempo hubiera sido un tiempo feliz. Vuelve Noia al herrero y a su fuelle, al saltimbanqui y al balconero, al pícaro y a las princesas. Volvemos huyendo del miedo al presente para sumergirnos en dos días felices entre arqueros y domadores de serpientes, pordioseros y clérigos, a buscar la mirada de la doncella a la que peina y peina su aya tras la ventaja ojival. Somos felices dos días en un mundo en el que el llanto, el dolor y la miseria horadaban como hoy la vida humana. Algo nos llama dentro del alma. Quizá volvamos para ser perdonados. Venga usted también a la medieval de Noia. Tal vez encuentre su verdadera vida.