Semana Santa

ORDÓÑEZ BUELA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

21 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

EN LA SEMANA Santa ya no se cubren santos y retablos con paños negros como cuando éramos niños, ni se acompaña a la Virgen de los Dolores ni a la Soledad en Viernes Santo. Estos días finales de la cuaresma suelen ser una transición entre la primavera que llega y el invierno que se marcha, como tránsito es el que va de la Semana Santa morada a la pascua florida. Ya verdean los rosales y las margaritas junto a las aceras y caminos de Barbanza. Los robles apuntan de verde amarillo sus ramas. En el horizonte, tras los montes de Barbanza, un cielo azul turquesa. Me haría ilusión contemplar, desde A Curota pobrense, unas veces cercana y otras alejada por su bruma del atardecer, la ría de Arousa. Estos días, en que la primavera acaba de abrirnos sus puertas y los jardines barbanzanos comienzan a dar sus mejores flores, todo nos habla de resurrección, una resurrección cósmica, símbolo de lo que nunca acaba. Existe una gran preocupación por el esclarecimiento de los grandes enigmas de la historia y de las religiones, un afán por conocer nuestros orígenes y el futuro que nos aguarda. Un buen tema de reflexión para este tiempo de Semana Santa, en el que no todo ha de ser turismo y evasión.