LA LLAVE
14 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.ESTAMOS TAN acostumbrados a ver los desastres por televisión que pocas veces reparamos que pueden ocurrir aquí al lado. Es curioso cómo se cumple el dicho de que las desgracias no vienen solas: si hay un accidente de gas en Andalucía, acaban produciéndose otros en Cataluña y hasta en Portosín. Si se hunde el Carmel en Barcelona, sufren problemas inmuebles repartidos por toda España, incluso en Ribeira. Si se hunde un barco en el Cantábrico, no pasan días sin que ocurra un naufragio en otro mar... Hay quien atribuye estas coincidencias al destino. Es un efecto multiplicador que, por lo general, viene precedido de un despliegue mediático que se inicia con la primera incidencia. En todo caso, no debemos olvidar que las cosas no siempre ocurren de casualidad, sino por un mal servicio, una mala manipulación, una imprudencia... errores que tienen mucho de humano y poco de misterio.