LA LLAVE
28 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.HASTA DONDE la memoria me da, siempre planea por encima de los incendios un algo de imprevisión o una sospecha que cambia de lado según de quién venga. Hombre, ¿quién podía prever que a finales de septiembre iba a hacer este calor? Nadie, por supuesto. Pero si echamos un vistazo a la historia reciente comprobaremos que el fuego forestal ya no es inherente al verano. Incluso diría más, tengo la sensación de que se quema más monte en primavera o en las primeras semanas de otoño que en pleno estío. Ya se sabe que los trastornados pirómanos, los sinvergüenzas interesados y todo maleante al que se le da por destruir el bosque, pecan siempre de otro defecto a mayores, el de la cobardía, de forma que esperan a que los efectivos de vigilancia se reduzcan y a que el viento sople para operar con el mechero. Son tan imbéciles que no se paran a pensar que incluso ponen vidas en juego, incluso la suya.