Mejor lo nuestro

| MONCHO ARES |

BARBANZA

LOS INGENUOS consumidores como yo siempre soñamos con descubrir algún día dónde se fraguan los contubernios que nos castigan con precios exagerados a la hora de comprar las frutas y hortalizas. Los tontos como el que suscribe apostamos por las hortalizas «da casa», soltamos la tela cuando vamos a la tienda y luego descubrimos que, realmente, el producto no es autóctono, viene del norte de África, de Sudamérica... Pese a ello, cada sábado, pasamos por el cajero, nos aprovisionamos de euros y acudimos nuevamente al súper a llenar la cesta de frutas y verduras excesivamente caras y procedentes del exterior. Me declaro admirador de esa gente que sigue trabajando la huerta, las leiras, porque aunque les cueste un riñón, tanto física como económicamente, por lo menos sabe de dónde viene lo que produce y el coste real de su cultivo. Porque a pagar, mejor lo nuestro.