LA LLAVE
01 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.A LOS que creían que Irak estaba lo suficientemente lejos como para consentir una guerra, nunca apoyarla porque, ya se sabe, es humanamente incorrecto estar con los beligerantes, les quedará claro que los efectos colaterales llegan. La crisis del petróleo, consecuencia de la inestabilidad del país invadido, la sufren hoy los ganaderos de Mazaricos y los pescadores de Ribeira; pero también el albañil y el directivo de empresa; los ricos y los pobres (aunque unos menos que los otros). Y la cosa no tiene visos de cambiar a corto plazo. Los combustibles siempre acaban arrastrando a los demás productos, pero, no nos engañemos, para subir los precios, porque aunque el petróleo baje, la gasolina mantiene la misma tarifa, y con ella el pan y todo lo demás. En todo caso, tenemos que dar gracias porque el efecto colateral sólo nos toca el bolsillo, aunque el terrorismo ya no tiene distancias.