Reportaje | Vacaciones solidarias Cerca de veinte niños saharauis pasan el verano en la zona acogidos por parejas de Ribeira, A Pobra, Boiro y Noia. La playa y los parques son sus preferencias
22 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.A principios de mes llegaron a la comarca diecisiete niños saharauis procedentes de los campamentos refugiados argelinos. Su lugar de residencia durante el verano estará en Ribeira, A Pobra, Boiro y Noia, donde convivirán, como uno más, con familias barbanzanas. Esta iniciativa denominada Vacaciones en paz, está promovida por la oenegé Solidariedade Galega co Pobo Saharaui, y lleva doce años en marcha. Un caso representativo de progenitores de la zona que alojan a los muchachos en sus hogares es el de Celia García, una de las cinco madres de Ribeira adscritas al programa solidario. En el año 1999 se enteró de la situación en la que vivían los niños saharauis por una charla que realizaron en el colegio de su hija pequeña. Celia no pudo resistir la tentación de implicarse de alguna forma. Consultó la opinión de su marido, de sus chiquillos y de los familiares más cercanos, y no esperó más para gestionar el posterior hospedaje del pequeño. Este es el quinto verano que Hassina Fadel reside en el hogar de los Ces García. Hassina forma parte de la primera promoción que llegó al municipio de Ribeira con Vacaciones en paz. El pasado año descubrieron que era celíaca y que tenía un pequeño coágulo en la cabeza. Hoy tiene 13 años y supera la edad permitida para viajar a España. Pero, debido a este problema, Hassina estuvo durante catorce meses más con su familia gallega en Palmeira, como caso excepcional. Allí se adaptó a la perfección y hoy la consideran una más en la parroquia ribeirense. Más promoción Celia García cree que se deben promocionar mucho más este tipo de intercambios. Anima a las familias a que se comprometan: «Pensamos que o noso mundo é o mellor, pero con moi pouco, ¡qué feliz se pode ser!». Manifiesta haber descubierto un nuevo mundo, más solidario y menos materialista. El matrimonio Vázquez Viturro, de Boiro, llevaba tres años intentando acoger a un niño saharaui durante los meses de verano. Esta vez han sido afortunados y Mohamed Saled se alojará con ellos hasta septiembre. La pareja se muestra complaciente. Marcelina Viturro relata con una sonrisa en sus labios: «En doce anos non conseguín que o meu marido fóra a praia, o rapaz conseguiuno o primeiro día que chegou». Otras familias deciden dar este paso impulsados por otros motivos. Es el caso de Eladia Romero y su marido, Francisco Antonio Santos, de A Pobra. Eladia llevaba años sintiéndose sola, sobre todo, desde que su hija de 22 años se marchó a trabajar a otra comunidad. Un día una televisión local emitió un anuncio sobre el programa de ayuda a los niños saharauis. Eladia sintió un impulso y lo consultó en casa. La respuesta de los suyos fue afirmativa, así que se puso manos a la obra para realizar los trámites necesarios. Al poco tiempo llegó Wadad Mohamed. «É un rapaz moi bo e cariñoso», dice Eladia. Además apunta: «Gústanlle moito os debuxos e se interesa moito polo noso país. Cando chegou preguntoume pola boda do Príncipe». Existe un programa elaborado por Solidaridade Galega co Pobo Saharaui, para visitar a las niños en los campos de refugiados. Allí pernoctan con los familiares de los chiquillos. Al llegar, se realiza un ritual de bienvenida que consiste en ofrecer una cabra delante de los invitados. Además, se toman tres tazas de té al día.