Cuando la tradición es un delito

Xoán Ramón Alvite Alvite
X. R. Alvite CORRESPONSAL | MAZARICOS

BARBANZA

Crónica | Normativas sobre sacrificio Las matanzas caseras que se efectúan en la comarca para autoconsumo suelen incumplir la mayoría de las directrices estatales y europeas que regulan esta práctica

24 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Dicen los juristas que el desconocimiento de una norma no exime de su cumplimiento, aunque quizás esa sea la única excusa que los muchos propietarios de nuestra comarca puedan dar para justificar la matanza domiciliaria de sus cerdos, una práctica que a todas luces incumple la normativa vigente. «¿E logo como hai que facela?, aquí sempre se fixo así. A carne é para nós, e se estivese mala xa non o matabamos», estas son algunas de las contestaciones que recibe uno cuando comenta con los matarifes la normativa que se debe aplicar a los sacrificios caseros. Como mucho cuestionan las normas higiénicas que llevan a cabo, pero nadie piensa ni por un segundo en el sufrimiento del animal. Pero existe un real decreto, además de una completa reglamentación de rango comunitario, sobre protección del ganado. Esta normativa dispone una serie de reglas a tener en cuenta sobre el trato que deben recibir los animales en el momento de su sacrificio. Ambas disposiciones legales tienen como exigencia básica no causar agitación, dolor o sufrimiento al ganado durante las operaciones de traslado, conducción, estabulación, sujeción, aturdimiento o sacrifico de la res. Estas directrices establecen la obligación inexcusable de aturdir al animal antes de su sacrificio. La normativa también hace constar que el sangrado de las piezas debe hacerse después de dormirlas, una práctica que hay que efectuar tanto por razones higiénicas como para acelerar la muerte. Cumplimiento De todo esto, ¿qué es lo que se cumple en las matanzas caseras que se realizan en nuestra comarca? Pues lo cierto es que más bien nada. Las directrices europeas y estatales chocan frontalmente con las prácticas que aquí se vienen haciendo desde hace cientos de años. No existe aturdimiento, la muerte se produce de forma más bien lenta y después de un prolongado sangrado. ¿Cuáles son las consecuencias de esta práctica ilegal conocida por todos y hasta cierto punto socialmente aceptada? De momento, ninguna. Se espera que la Xunta ponga en marcha su propia reglamentación que, según se comenta, obligará a la presencia de un veterinario en el momento de la matanza, teniendo este profesional que velar porque se cumpla lo legislado. Utilizando el tradicional dicho de que «a todo porquiño lle chega o seu San Martiño», seguro que a la matanza tradicional también le llega el suyo. Nuestros vecinos europeos insistirán en que apliquemos métodos más expeditivos para matar nuestros cerdos, mientras reforman la Política Agraria Común y continúan subvencionando con cuantiosas primas los toros de lidia.