DESDE FUERA | O |
12 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.EL PRIMERO, protagonizado por el sector mejillonero, con amplia repercusión en la comarca del Barbanza, que editaba la enésima guerra de precios entre organizaciones, donde suele haber no pocas rencillas personales. Cada año que pasa parecen más decimonónicas estas batallitas de quienes han visto multiplicado por diez su poder adquisitivo en los últimos veinte años. Ya no valen ciertas excusas para justificar el inmaduro proceder de un sector ungido por las Administraciones, bendecido por las subvenciones y premiado en el reino eterno de las concesiones administrativas. Aunque existe un amplio número de productores que aportan sensatez y seriedad, en ocasiones son mayoría aquellos que ridiculizan su trayectoria. El segundo, el de la vorágine urbanística en Boiro. Por una parte la brisa del pazo de Goiáns se ha convertido en tormenta, y no duden que acabará en tempestad. De otra, la controversia sobre la edificación que promueve el concejal de Urbanismo, a quien había otorgado licencia el anterior gobierno del PP, y ha sido paralizada por la Xunta. En ambos casos poco sentido común y mucha mala leche