Aún hoy en día, son multitud los noieses que se preguntan por qué llevan tanto tiempo oyendo hablar de una depuradora que no llega nunca, cuando en casi todos los concellos de la zona disponen de una, e incluso de varias, en funcionamiento. Y es que los trámites han discurrido por un camino que está sembrado de obstáculos y de polémica. Fue en 1994 cuando la Consellería de Política Territorial adquirió con Noia el compromiso del saneamiento de sus aguas. Poco después se empezaron a colocar los colectores de canalización en diferentes puntos del casco urbano. La ubicación elegida en aquel entonces para la planta de tratamiento de aguas residuales coincidía más o menos con la actual, que es la de Talleraco. Sin embargo, en 1995, las autoridades locales decidieron, ante la oposición vecinal, cambiar el emplazamiento. Durante el pasado mandato se volvió a fijar la punta de Talleraco, en la parroquia de Barro, como localización para la depuradora. Para ello se compraron y expropiaron los terrenos necesarios y el Concello noiés los puso a disposición de Augas de Galicia.