Mar incierto

| MONCHO ARES |

BARBANZA

AH!, ESE mar incierto que nos deslumbra con la generosidad que hace crecer exquisito percebe donde hace escasos meses peleaba contra el manto negro del chapapote, y nos decepciona con la muerte de la cotizada almeja de Ribeira: da pan a unos y hambre a otros... ¿Es acaso un castigo selectivo, de esos que aprietan pero no ahogan? ¿Es la venganza por tanta afrenta, o simplemente un aviso de lo que puede venir? Esa incertidumbre, el misterio que encierra dentro, en sus más microscópicas especies, hacen del mar incierto un medio apasionante, que tan pronto te acaricia como una madre, como te golpea sin compasión, te da muchas alegrías, pero a cuenta de algunas penas. Este mar no es el mismo. El progreso lo ha confundido, tan pronto se manifiesta incauto como se rebela contra la desgracia o castiga sin medida. Pero él no es el culpable: la codicia humana tiene mucho que ver.