Las batallitas de pupitre a flote

Sara Ares CORRESPONSAL | NOIA

BARBANZA

ARES

Crónica | Reencuentro de antiguos alumnos Treinta ex estudiantes de las primeras promociones del Instituto Virxe do Mar de Noia recordaron ayer sus andanzas académicas durante una comida y un remonte en barco por el río Tambre

09 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Pasaban unos minutos de la una de la tarde de ayer cuando zarpó de los pantalanes del Club Náutico de Portosín el «Nugallán», con rumbo a la antigua estación hidroeléctrica del Tambre. A sus tripulantes les unía un mismo cabo, el haber hincado el codo como alumnos de las tres primeras promociones que cursaron estudios en el Virxe do Mar, entonces instituto laboral masculino de Noia, entre los años 1952 y 1955. A Juan Ramón López Oviedo y a otros viejos compañeros de pupitre se les ocurrió, a raíz de los actos del cincuentenario del centro, que no estaría nada mal juntarse un día para recordar batallitas de antaño y charlar sobre lo que han cambiado sus vidas desde entonces. La idea fructificó y fijaron como fecha para el reencuentro el 9 de agosto. O sea, ayer. Comparecieron 30 y a otros muchos les hubiera gustado asistir, como a Ramón Queiro, que tenía pensado desplazarse desde Sevilla, pero que no pudo hacerlo por un contratiempo familiar. Antes de subir al barco, más de uno preguntó con guasa si había chalecos salvavidas para todos, pero pronto el temor fingido al naufragio quedó disipado por la imponente belleza de la desembocadura del Tambre. Y es que algunos no habían vuelto a remontar el río desde la época de las clases de náutica del profesor Maneiro. De regreso de la central, tocó desembarco en el pazo del Tambre. Sobre el mantel, afloraron nítidos los recuerdos. A Paco González no se le borró todavía de su mente la singular belleza de la señorita Panisse, que impartía Ciencias. Sebastián Paz, llegado desde Madrid, recordaba ayer las gratificantes clases de laboratorio del maestro Antonio Duque. Esa debilidad no se parece en nada a la que profesaba José Ramón Gómez Juanatey, técnico forestal en la ciudad canadiense de Victoria, a la profe de Mates, Jesusa Guitián. «Nos suspendía a todos», aseguró. Procedente de Uruguay, donde lleva residiendo 33 años, se sumó a la «xuntanza» un empresario del curtido del cuero, el noiés Juan Benito Batista. «Lo mejor de todo era el compañerismo y la solidaridad que nos unía a todos», comentó. Como postre, un deseo unánime: que el reencuentro se repita en años venideros y con más comensales. De recuerdo, Juan López Oviedo, uno de los ideólogos del encuentro, le hizo entrega a todos los que en su día fueron estudiantes de una fotografía antigua de la ría noiesa y de un texto publicado por el insigne y mágico Álvaro Cunqueiro en 1950, en el que echaba flores a una Noia de los veleros, a la que la brillante pluma de Mondoñedo describía como una Pisa Atlántica.