Mano de santo

| J. M. JAMARDO |

BARBANZA

LOS ARMADORES del cerco de Portosín tuvieron que amenazar a la Administración para que se tomase en serio las continuas denuncias sobre el uso de dinamita en la pesca de sardina. Mano de santo. Después de las quejas, lanchas de la Guardia Civil y numerosos agentes comenzaron a vigilar las embarcaciones tanto en alta mar como en los puertos. Los desaprensivos también escondieron la mano. Saben que hay mucho movimiento y optaron por guardar los cartuchos para cuando amaine la tormenta. Es triste que sean los propios profesionales los que pongan el grito en el cielo y denuncien a sus propios compañeros para defender el pan de todo un colectivo. Nuestros representantes parece que sólo hacen frente a los problemas cuando los contribuyentes alzan la voz. Las autoridades tienen la obligación de velar por los intereses de todos. Aunque a algunos les duela.