Crónica | La fiesta del fuego El control oficial, la escasez de sardina y el exceso de bromas pesadas amenazan con sepultar una tradición que cada año parece ir a menos en los municipios barbanzanos
24 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Un cierto olor a sardina, una estrecha vigilancia, cenas alrededor de una mesa y bromas cada vez más pesadas son actualmente las características más comunes de las noches de San Juan. Ni siquiera hay hoy aquellas competiciones para ver quién hacía la hoguera más grande, lo que daba a las orillas de las rías de Arousa y Muros-Noia una espectacular y curiosa imagen, que uno podía interpretar como un sistema de comunicación con el mar por el medio o lo que era: la fiesta del solsticio de verano. Este año, muchos volvieron a optar por la costilla asada o cualquier pescado a la brasa, que por la tradicional sardina, ¿por qué? Porque la escasez agudiza el ingenio, aunque ingenio cambie la última i por una u para concluir que sólo los ingenuos comieron sardinas, porque de gallegas tenían poco, y de frescas, la temperatura de su estancia en el frigorífico. Fiesta igual La fiesta, en todo caso, debe ser igual: fiesta... Pues no, se ha convertido en un motivo para cenar fuera de casa, como un viernes o un sábado más de la nueva sociedad de consumo. Porque no hay sardina que posar en el pan, y sí pocas ganas de comer al pie de la hoguera: hoy es mejor hacerlo sentado a la mesa. Queda, eso sí, la tradición del salto de la hoguera, lo poco que mantiene la emoción de la noche... Y para lavar la cara, jabón «tres pastillas al precio de dos», del de supermercado. Porque las hiervas de San Juan hoy dicen que incluso se adquieren en las floristerías, pero ver no se ven en ningún lavabo. ¿Qué ha acabado con las noches mágicas de San Juan? La modernidad mal entendida, el exceso de control y vigilancia (tanta que a veces hace dudar si realmente se pretenden evitar incidentes, por el mal uso del fuego o un descuido inoportuno, o recrear el orwelliano 1984 que ha dado nombre a uno de los mayores exponentes de la telebasura). Realmente ni una buena organización garantiza que la fiesta acabe en fiesta, si no que se lo pregunten al BNG de A Pobra, que por descuido o sabotaje hoy soporta la desconfianza, la crítica oportunista hacia quienes queriendo hacer las cosas tan bien le han salido rematadamente mal.