DESDE FUERA | O |
16 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.SI LOS programas electorales se hacen desde la previa consulta al ciudadano, sería de suponer que, con la salvedad de la carga ideológica, todos fueran similares en el objetivo de mejoras para la ciudad. Y en realidad así es, con las pequeñas singularidades de la carga estratégica. Lo que me parece de un atrevimiento insolente y menosprecio al ciudadano, es incluir en los programas municipales grandes obras de infraestructuras cuya decisión y financiación depende del Estado, o prometer reducciones fiscales del IAE, del IBI y del impuesto de circulación cuando ya están recogidos en la reforma de la ley de haciendas locales. La ampliación del puerto de Ribeira es una obra de la Xunta, ya aprobada, cuya prioridad salta por todas las señales de tipo económico de nuestra flota pesquera y su lonja. Solo bajo el estilo del yo-ismo se puede entender esta manera de adueñarse de las obras públicas frente a todo un pueblo que lleva años sufriendo el retraso de inversiones. ¿Qué se le pide a un programa? Que sea propio, dinamizador e innovador dentro de la realidad de su entorno. Los problemas crecen y la política municipal sigue anclada en viejos esquemas partidistas.