En el tiempo en que, según Gironella, los cipreses creían en Dios, el joven Víctor voceaba premios y alegrías en la tómbola de caridad que la apostólica y romana instalaba en la Herradura de Compostela. Luis Rial era su compañero de micrófono e igual por azar se repartían lápices de colores que estampas de Santiago Matamoros. Este joven Víctor imitaba a Miguel Gila de modo que Luis Rial, un atardecer dominical de mayo, anunció por los altavoces eclesiales que en breves momentos el célebre humorista actuaría ante los paseantes. Tentando la suerte con los escasos reales, una considerable multitud esperó la presencia de don Miguel.Desde el interior, sin ser visto, Víctor Vez comenzó el remedo sin que nadie dudara de que el propio Gila se mostraría en algún momento. A Víctor se le acababa el repertorio y la gente comenzó a sentirse engañada. Se armó la tremolina y Víctor tuvo que salir pitando mientras los villenus (en Compostela, municipales), calmaban a la multitud que reclamaba sus cuartos dados al juego por hacer caridad. Descubrimiento Aquel día Víctor Vez descubrió el teatro. Nada ni nadie es lo que parece. Todo es un chasquido en el aire. Una varita mágica como la que utilizó el propio Dios para crear en seis días la finca esférica que habitamos. Se sumergió en el arte. Se hizo músico y llegó a ser un buen percusionista. Tocaba la batería en el Hostal por la tarde y, por la mañana, al lado de la pared, aprendía enfermería en la antigua Facultad de Medicina. Fue tuno y rondador cuando la serenata era un larguísimo adaggio que se filtraba por los soportales, trepaba por la piedra medieval y se introducía en las balconadas hasta llegar a tocar con la punta de los dedos el camisón de la amada.También la serenata era arte escénico. En las tablas tuvo un gran maestro. El casi olvidado Rodolfo López Veiga, que ya entonces estrenaba el Antígona de Jean Anouilh, traducido al gallego por el también joven Xosé Manuel Beiras. Cuando Rodolfo le vio ya curtido le concedió a Víctor el papel de Creón. Estuvo semanas sin bajar del parnaso. Había llegado a lo más alto.Un destino elegido le trajo a Noia a ejercer su profesión en el centro de salud de la localidad. Aquí fundó Teatro do Curro. Ricardo de Barreiro, María Creo, actores y actrices que no sabían que lo eran, fueron despertando entre las bambalinas guiados por la mano mágica de este Molière redivivo que admira a Rafael Álvarez El brujo , y que sería capaz de pasarse la vida representando La sombra del Tenorio y escuchando el concierto de Aranjuez. Dice no recordar los disgustos que da la farándula, pero le apena que en Noia el teatro esté tan diseminado y dividido. Prepara obra para junio. Producción propia, autor, director, actor... todos los saberes de la escena. Obra literaria A pesar de su constante actividad, aún le queda tiempo para escribir un libro de relatos. Uno de ellos comienza de la siguiente manera: «Apareceu na cidade sen avisar, tampouco tiña por qué, esa é a verdade. O certo é que aquel home a ninguén lle pasou desapercibido». Son sus palabras.