La noticia de la agencia Cifra, fechada en febrero de 1953, era ciertamente original: un toro que iba a ser llevado al embarcadero de la estación de Zamora, se escapó del camión y se dirigió hacia el centro de la ciudad. Una vez allí, penetró en una casa, subió al primer piso, donde existía una compañía de seguros, y en su embestida a la puerta tocó el timbre. El botones la abrió y se encontró con un toro enfurecido. Una vez dentro, el animal destrozó una cristalera y expulsó a los empleados de la oficina. Finalmente, el dueño del toro, auxiliado por varios mozos, lanzó una cuerda con lazo a la ventana donde estaba asomado el animal y consiguió bajarlo a la calle en medio de una gran expectación. Noticias parecidas a esta podían ser leídas cada día en aquella España de los 50: gatos que volaban, mudos que hablaban al paso de la Virgen, loros que cantaban el Cara al Sol, coches que querían andar sin gasolina, miniaturistas que escribían el Quijote en un palillero o videntes que hablaban cada noche con Cristóbal Colón.