Si un alumno tenaz, si bien algo despistado, réplica en carne y hueso del pitufo filósofo, acudiera ayer como cada lunes a sus clases de económicas en el campus vigués, puede que se llevase un susto morrocotudo... Pero que la puerta del aula estuviese cerrada a cal y canto no se iba a deber a ningún motín en las aulas ni nada por el estilo. Qué va. La culpa de esas horas de amenas lecciones perdidas la tiene, como no, el petrolero de marras, cuyos estragos han impulsado a la Universidade de Vigo a tomar una iniciativa digna de ser plagiada. Cada semana, se paraliza una facultad concreta para que alumnos y profesores puedan apuntarse como voluntarios en la lucha contra el chapapote. Esta vez, le ha tocado el turno a la de Ciencias Económicas y Empresariales, y las playas de Ribeira y O Son fueron ayer, y los próximos cuatro días, los petroleados puntos de destino.En concreto, fueron 93 en total los solidarios que sustituyeron ayer los libros por las palas, los flexos por la luz solar y los murmullos de biblioteca por el bramido ronco del mar. A lo largo de esta semana pasarán por aquí otros cuatro centenares de muchachos y docentes, ya que la Oficina de Medio Ambiente (OMA) de la universidad ha organizado todo de tal manera que cada jornada limpien voluntarios distintos. Madrugón Puesto que la ciudad con más cuestas de Pontevedra no está ahí al lado, precisamente, los 93 sufridos cooperantes tuvieron que levantarse muy temprano para coger el autocar a la hora señalada: siete y media de la mañana. Tres horas después, comenzaban las tareas de limpieza, una vez tuvo lugar el reparto de material en el grupo escolar de Corrubedo, que está habilitado temporalmente como almacén por Tragsa. La legión de universitarios fue distribuida en dos grupos: uno se encargó de la playa de Balieiros, en Ribeira, y el otro de la de Basoñas, en Porto do Son; y también fueron dos las tareas encomendadas: por una parte, recoger esas pequeñas motas de hidrocarburo que arrastran constantemente las mareas hasta la orilla -si bien entran en pequeñas dosis, hay que evitar que queden enterradas- y, por otra, limpiar las rocas del arenal, que es la principal asignatura pendiente por lo que respecta a esta zona de Barbanza.Hacia la una de la tarde, se empezaron a sentir ya los primeros síntomas de cansancio, y no eran ni uno ni dos quienes optaron por reposar al calor del sol al más puro estilo de los lagartos. Y es que al elemental agotamiento físico provocado por dos horas y media de esfuerzo continuado, había que añadir la crispación psíquica que implica el trabajar sobre las rocas. Por ejemplo, un muchacho se lamentaba de que tanto sacarle lustre a una piedra le había deparado apenas un palmo de fuel en su capacho. «Esto no hay quien lo aguante», decía.No es ésta la primera vez que grupos organizados de universitarios de la ciudad olívica se pasan por estos lares para echar una mano. Por aquí han discurrido 50 alumnos de Ingeniería Técnica Industrial; 54, de Filología y Traducción; 50, de Ciencias; 50, de Derecho Económico; y 50, de Ingeniería Técnica Forestal. Mano de obra Ahora bien, coincidiendo con el fin de las navidades -cuando el número de voluntarios ha sufrido una notable disminución en Galicia- la OMA ha intensificado el reclutamiento de mano de obra. Por eso, nueva cada jornada lectiva, -y hasta nuevo aviso- dos o tres autobuses cargados de alumnos y profesores transitarán por las carreteras rumbo a un tramo de litoral petroleado. Nunca está de más sustituir, al menos por unas horas, largas sesiones de acumular conocimientos en la materia gris del cerebro por la labor de erradicar el negro chapapote que ensucia las playas.