El día de la ira ya está aquí

La Voz

BARBANZA

Sentados sobre las rocas se despedían. La lluvia tenue, fina como el polen, dibujaba un arco iris, la alianza, desde Fisterra al infinito.? Un voluntario vasco fue el primero en hablar: «Agota más la ira que el trabajo. El llanto empaña las gafas y sigues excavando ciego. La mascarilla impide que grites tu dolor amordazado. Levantas la mirada turbia y sobre el muelle intuyes trajes de pura lana, corbatas de seda. Entonces entierras el corazón en la peste negra y lo esparces en el capacho como una vendimia letal».?Una «noia» de Girona, mirar triste, añadió: «Agotados con la luna, subimos de la playa y nos encontramos la bienvenida oficial. Habíamos dejado los coches en la carretera y la autoridad competente nos regaló, vibrando el viento sobre el parabrisas, su saludo en forma de multa. Estacionamiento no autorizado. Decenas de coches, decenas de multas. Un marinero muxián propuso quemarlas ante el cuartelillo. Preferimos conservarlas para que nuestros hijos tengan constancia de hasta donde puede llegar la estupidez humana».?Una malagueña: «Con la cruz del botellón y el pijerío no fueron a la manifestación de Compostela porque no les dejaron sus papás. ¡Ni que el fuel militara en la izquierda!».?Y remata un mozote de Huesca: «Alguno habrá que para bajar a la playa querrá que le pongan la ropa de aguas de George Clooney en La tormenta perfecta . ¡Maldita sea tu estampa!».?El día de la ira ya está aquí. Aquí bajo nuestros pies, sábana negra, sudario de nuestras almas. Los de la corbata de seda, los del cirio pascual, los del punto de mira fino y gatillo fácil han blasfemado y la mar ha escuchado su blasfemia.?La mar, los hombres y mujeres de la mar, los soñadores que amamos la mar lo abarcamos todo con un abrazo líquido y salado. Removeremos sus mullidos asientos y sus alfombras de Persia hasta sepultar su vanidad y su soberbia en una profunda espiral de siglos.?Con ellos se irán sus sueños de barro, sus órdenes de papel, sus almas miserables y volverán las sirenas que hacia el sur huyeron guiando a los delfines y a los peces todos.?«Fue un 13 de noviembre -exclamó el viejo maestro noventa años después- Vuestros abuelos fueron unos héroes. Aquellos barquitos, aquellos muchachos venidos de todo el mundo, curaron la mar arrancando son sus manos y dientes la lepra negra de su piel hasta dejarla bruñida y bella como la gran luna de agosto».?Una niñita levantará su mano y preguntará: «Maestro: ¿qué fue de los de la corbata de seda y la casulla dorada?». Nadando en el inmenso azul de aquellos ojos inocentes, responderá: «Aquellos, Martiña, como siempre. ¡Mucho pico y poca pala...!».