Tablas en la primera toma de contacto de la red ideada por la agrupación ribeirense de arrastreros con el hidrocarburo del Prestige . ? Las aguas que bañan la isla de Ons, en la bocana de la ría de Pontevedra, fueron testigas de excepción ayer al mediodía del primer ensayo de un nuevo sistema encaminado a contener la marea negra: el de un aparejo de 150 metros de largo por tres de ancho que habría de capturar el fuel como si se tratara de jureles.?El invento fue ideado por la asociación de arrastreros de Ribeira. Tras varios días de devanarse los sesos, sus miembros conformaron una red compuesta por dos tipos de mallas: una de hilos gruesos y retícula estrecha, en la parte superior; y otra de trazo fino y mucho menos tupida, en la inferior.?La lógica del plan trazado no podía ser más sencilla y evidente. Arrastrada por dos embarcaciones emparejadas, la red habría de condensar el crudo en su estructura superior, en tanto que la malla de abajo filtaría el agua. En caso de funcionar, se facilitaría sobremanera la labor de los buques succionadores. ?Llegó el día D. Dos arrastreros, el Ladeva y el Pescarosa , zarparon en torno a las diez de la mañana del muelle de Santa Uxía. El ingenio, valorado en algo más de seis mil euros (un millón de pesetas) iba a bordo del último barco.? La primera tentativa se efectuó poco después de abandonar el puerto, en una zona donde las manchas aún no habían hecho acto de aparición. Los patrones realizaron una maniobra típica de la pesca de arrastre para dejar el aparejo extendido entre ambas embarcaciones. A continuación, navegaron a un nudo de velocidad durante veinte minutos para comprobar el comportamiento de la malla en el agua... Y en seguida se notaron los problemas. «Le falta flotación: hay que poner más corcho». señaló Lisardo, patrón del Ladeva , Su instinto marinero le decía que el chapapote podría pasar por encima de la red. Pero la prueba de fuego estaba aún por llegar.?? Prueba de fuego? Tras una hora de travesía hasta Ons, los arrastreros se dispusieron a realizar idéntica maniobra en una zona plagada de bateeiros, dragaminas, planeadoras, buques antipolución y, por supuesto, manchas de hidrocarburo. ? Las sospechas de Lisardo no tardaron en confirmarse. Quince minutos después de este segundo lance, una planeadora se acercó al costado del Ladeva para informar de que el crudo, en lugar de condensarse, se deslizaba por encima del artilugio. Consecuencia, hubo que recogerlo. «Nin manchado está», se lamentaba el patrón del barco.?Pero el intento no fue, ni mucho menos, en balde, pues los errores se han detectado. Se centran en el tamaño y disposición del corcho: el fuel se cuela entre las boyas, por lo que éstas deben ser más grandes y estar más apretadas. Además, convendría alargar la red otros cien metros.?Ahora, los marineros ribeirenses -lo mismo que tantos otros, entre ellos los de Muros- se afanan en perfeccionar un instrumento de combate que, a buen seguro, tarde o temprano se hará efectivo. Pues ya se sabe: el peligro aviva el imaginación.