La mujer del regidor de Boiro, Jesús Alonso Fernández, recuerda los primeros pasos de la saga de empresarios y confiesa que con 14 años tenía vocación de misionera
23 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Centro urbano de Boiro. Un jardín parque cuyo cerco decoran glicinas y hiedras. Crecen cedros, palmeras y camelios. El césped y los mirtos están recién afeitados. Flores y flores. Entre la vegetación está la residencia de Pura Escurís Batalla. En los flancos, las naves de los telares Jealfer de la industria familiar. Todo este paisaje es la suma de más de cincuenta años de lucha. He acordado una entrevista con Puri, que ella acepta generosamente. Me recibe en uno de los salones de la casa y, sonriendo, me ofrece diálogo sin reservas. Puri aún mantiene frescos belleza y estilo. Taragoña y Pobra están en sus raíces, niñez y juventud, pero Boiro llena toda su vida. Tiene ojos castaños, cabello corto, viste traje estampado y a su lado uno se siente íntimo con la charla abierta y cordial. Apenas un adorno, sólo una cadenita con motivos azules, un aro, un reloj, ¿para qué más? En casa de Puri cada fin de semana se reúne la familia, cerca de treinta miembros, de abuelos a nietos. La casa es una fiesta. ¡Pero cuántos trabajos, historias, combates para lograr el triunfo! -Yo tejía a mano -me cuenta y sonríe-, luego a máquina y Alonso iba vendiendo por las puertas. Boiro aún era un montoncito de casa y de economías. Me gustaba bailar, pero Alonso no era un Fred Astaire. Tuvimos cinco hijos magníficos, pero te confieso una cosa: a los 14 años tenía vocación de misionera... -y Puri vuelve a reírse recordando-. Ya ves, la vida, lo que nos cambian las circunstancias... El salón donde hablamos es como un museo: cuadros, porcelanas, retratos, marfiles, cristales, esmaltes, espejos. El jardín señorea tras las cortinas. -¿Y cómo es este Boiro de hoy, hijo de aquel Boiro de ayer? -le pregunto a Puri ya en la confianza de la conversación. -¡Ay! Este Boiro, Carlos, es un milagro de empuje y éxito que vemos y tocamos. Y una suma de esfuerzos que se proyectan al mañana llenos ya de éxitos. -Puri, ¿de quién aprendiste más? -¡Oh, de mi madre! Y lo que mejor aprendí es que la familia es el máximo tesoro, con el respeto a los mayores, la honradez, el trabajo, la cortesía. Es lo que siempre traté de inculcar a mis hijos y nietos y me siento orgullosa de ellos... -¿Te agradaría, Puri, ocupar un cargo político, puesto que la política ya tanto te cerca? -De veras que no me hubiera importado, me siento capaz. ¿Pero no basta ya un político en la familia? -¿A quiénes admiras como personas ejemplares? -A los que dedican su vida al servicio de los demás. -Y en el mundo femenino, ¿quién lleva tu admiración? -La que sabe estar correctamente en cada instante. Me agrada además la mujer sin sofisticaciones, sencilla, discreta, pero combativa. Una heroína para mi es Teresa de Calcuta. Puri carece de problemas. Es precisa en la expresión, las ideas le salen capaces y convencidas y, al hablar, me mira con intensidad para dar mayor verdad a lo que dice. -¿Qué noticia te agradaría escuchar o leer? -La de la paz, la paz en todo y que ningún niño careciese de madre, de amor y de hogar. En cambio, sólo vemos y oímos horrores. -Cuando contemplas en Boiro alguna obra bien realizada por el gobierno de tu marido, ¿cómo reflexionas? -Sencillamente, como un boirense; y me siento orgullosa y satisfecha. Y en la intimidad lo felicito y estimulo. Pero que nadie crea que yo lo aconsejo o influyo. No admite ninguna mediación familiar o extraña. Me admira su integridad. Eso no supone que sea sordo. Oye y ve muy bien.