El buen comer y el buen beber

Perfecto García Neira RIBEIRA

BARBANZA

19 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Si en las universidades tiene su trono la diosa Minerva, en nuestras viejas tabernas deberían entronizar a Julio Camba, renombrado periodista y escritor, promotor de citas gastronómicas y culturales y maestro de ceremonias de los más ilustres bebedores y amantes de la buena mesa que dieran lustre y brillo a estos templos de la sabiduría popular. Todo el mundo sabe que las mejores recetas culinarias nacieron en las antiguas tabernas, pues al converger en ellas las más diferentes clases sociales, esto propició no solo la convivencia y el entendimiento, sino también la creación: allí se reunían pueblo llano e ilustración para intercambiar ideas y rendir culto a los placeres, a la filosofía hedonista: Espíritus libres que, alrededor de mesas bien cubiertas de ricas viandas y de sabrosos caldos, formaban alegres tertulias para mayor gloria del ocio creador. Porque tener afán de conocimientos y no frecuentar estas academias sería tanto como declararse tenor sin haber pasado por la Scala de Milán. Fíjese el lector, que aquí en Ribeira hasta teníamos un bodegón que se llamaba El Ateneo, un nombre tan significativo que ahorra todo comentario. Pero aquellos locales tan entrañables han ido desapareciendo para dar paso a otros donde todo es cristal, comidas rápidas -léase hamburguesas, tocinetas y similares-, bebidas sofisticadas, máquinas tragaperras y música ruidosa. Decididamente, la pasión por el estilo USA nos está despersonalizando. País del automatismo Camba, que había viajado a Estados Unidos en tres ocasiones como corresponsal de ABC y que no simpatizaba mucho con el modus vivendi americano, decía que en el país del automatismo, de la industria, de la prisa y de la serie, trataban de hacer el cálculo de vitaminas, proteínas y calorías que necesitaba el individuo para mantenerse, mientras que en Europa predominaban el gusto y el paladar. Para el jornalista gallego (Vilanova de Arousa), «en Norteamérica se confunde el existir con el vivir». Pero aparte las apreciaciones personales del escritor sobre el sistema americano, parece obvio que al referirse al placer culinario de los paises europeos, pensase en los que están bañados por el Mediterráneo, porque salvo pequeñas excepciones, nadie creería que Inglaterra, Alemania o paises escandinavos, por ejemplo, se distingan precisamente por su buena cocina. En esta esquina más occidental del continente, en este trozo de verde perenne y de rías de ensueño donde la naturaleza produce manjares únicos; es, también, donde la gula y la lujuria más juntas van; tal vez para confirmar el aserto de Martínez Barbeito que dice que el gallego es buen comedor, buen bebedor y buen fornicador. Lo sentencia un refrán de la tierra: «Bo comer e perna encima de perna, é coma estar no ceo». Los políticos más avezados lo saben muy bien, pues en cuanto se aproximan las elecciones lo primero que hacen es organizar grandes comilonas para alimentar a la grey. Porque después de llenar bien la panza y de limpiar las tuberías con buenos blancos y mejores tintos, todos gritarán ¡Viva Franco! si es preciso. Es algo que nunca falla: Para conquistar los votos, no hay nada mejor que una buena enchenta.