ESTOS DÍAS HEMOS ASISTIDO a todo un despliegue militar para defender un pequeño pedrusco frente a las costas marroquíes. Desde hace un par de años, también vemos como cientos de marineros han tenido que poner rumbo a sus hogares y hacer un alto en la oficina de empleo. Nadie ha dado la cara por unas mil personas. Son poca cosa, un número insignificante que como siempre, se han buscado el pan de sus familias por su cuenta. Ribeira recibió un duro golpe, del que aún no se ha recuperado. Los gobernantes han prometido todo tipo de ayudas y salidas para un grupo que no sabe hacer otra cosa más que navegar. Los palangreros están atracados en el muelle, esperando, quizás, su defunción definitiva. Las autoridades han defendido con uñas y dientes un pequeño pedrusco ante un país amigo. En Santa Uxía, se echa en falta ese mismo ímpetu, pero son menos importantes.