FRANCISCO ESPIÑEIRA CRÓNICA Palmas y laureles dieron color al rito religioso La Ciudad Vieja fue un vergel ayer por la mañana. El soberbio y silencioso gris de las piedras más vetustas de A Coruña se salpicó de bullicio y color en la tradicional celebración del domingo de Ramos. Y por la tarde, fueron muchos los que combinaron la pasión del fútbol con la procesión del Ecce Homo.
24 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Palmas y olivos rivalizaron con el tradicional loureiro. Pero la masiva asistencia de fieles a las ceremonias religiosas no fue sólo patrimonio de las grandes parroquias de la ciudad. Todas las iglesias, desde Sobrado dos Monxes, donde Fraga y sus conselleiros acababan su retiro monacal, hasta Ribeira, con su tradicional procesión de la borrica, reprodujeron el episodio bíblico de la llegada de Jesús a Jerusalén. Los precios de las palmas experimentaron un incremento tal que ni las nuevas tablas del IPC que maneja el Gobierno podrían disimularlo con sus índices correctores. Según el tamaño, algunos de los ramos llegaron incluso a los 30 euros (4.992 pesetas), precio que hasta para los más fieles creyentes se antojaba disparatado. «Ahora entiendo por qué Jesús se enfadó con los comerciantes del templo», señalaba un hombre de avanzada edad, media en broma, medio en serio, ante los precios de una céntrica floristería coruñesa.