Reportero en el Olimpo Celta

ANTONIO GONZÁLEZ MILLÁN POBRA

BARBANZA

Fotos cedidas por ANTONIO GONZÁLEZ MILLÁN

El fotógrafo de origen vasco consolidó su nueva faceta cuando residía en Pobra do Caramiñal La presencia en Pobra do Caramiñal, en la antesala del Olimpo Celta -que así era conocida entonces la Curota- de la saga de los Gasset, la familia Borbón, de Ramón del Valle-Inclán, Victoriano García Martí, Mateo Larrauri y otras personalidades, resultaría profética para consolidar la novedosa experiencia de Hermógenes Garita como reportero. Nace enseguida un paulatino interés por los repertorios gráficos que recojan las riquezas arquitectónicas, paisajísticas y literarias de este lado de la ría.

13 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Desde las páginas de Vida gallega, Garita documentaría el acontecer de una villa boyante y en crecimiento constante en el primer cuarto de siglo, surtiendo de ilustraciones a la revista, al menos entre 1917 y 1936, aunque con especial incidencia de sus colaboraciones en los años veinte. Entre sus noticias estampa reportajes y numerosas fotografías sueltas de A Pobra y de su entorno, creando una imagen de la localidad que se tendrá por tradicional en posteriores trabajos. No se descarta tampoco su participación en otras revistas gráficas y periódicos gallegos, caso del diario Galicia, que dirige Valentín Paz Andrade hasta el cierre decretado por la censura en 1926, y que supo de colaboradores en A Pobra. Otra faceta suya a tener en cuenta es, sin duda, el retrato. Desde su llegada, Hermógenes Garita se convierte en el primer fotógrafo profesional de la villa con estudio fijo. Algo nada frecuente entonces en la comarca. Sus cuidados retratos fueron pronto objeto de atención del vecindario y de las poblaciones cercanas, al distinguirse de aquellos otros debidos a los fotógrafos ambulantes que recorrían con sus cámaras y tingladillos los mercados y fiestas importantes (Foto Madrid, Foto Noya, Foto Albacete...) Además, también se dedica a los retoques artísticos. En este proceso de consolidación entre el público, sus fotografías hacen llegar a todas las capas sociales, incluso a las de menor renta, un modelo de representación y una calidad que hasta el momento le estaban vedados, a pesar de las exageradas carencias técnicas de principios de siglo. Garita aprovechó la luminosidad de su casa de la calle Gasset para crear sus imágenes. El interior servía, a la vez, como estudio, laboratorio y vivienda. En la sala de fotografía, bajo el tragaluz que iluminaba la estancia y ante un telón de fondo en perspectiva, obtuvo sus retratos. La vieja cámara de fuelle, las placas de cristal, los trípodes, los objetos de atrezzo, las lunas que se utilizaban para esmaltar los papeles fotográficos, el cartón timbrado con su firma y las viejas postales impresionadas con las imágenes y retratos de lugares y personajes de la época, completaban el cuadro doméstico del retratista. Tampoco faltaban las cubetas, pinzas y demás artilugios propios de laboratorio, ni la posterior llegada del magnesio, que permitiría la iluminación artificial.