Un trofeo con sabor barbanzano

A. N. RIBEIRA

BARBANZA

Deportivistas de todos los municipios de la zona celebraron la gesta del equipo coruñés hasta altas horas de la madrugada La Copa del Rey, al menos las dos que ha logrado el Deportivo de A Coruña, tiene genuino sabor barbanzano. Los trofeos -el de 1995 y el de anteayer- que ya descansan en las vitrinas deportivistas, fueron recogidos de las manos de Su Majestad el Rey por dos futbolistas que dieron sus primeras patadas al balón en Carreira: los hermanos José Ramón y Fran González Pérez. Ese vínculo de la comarca y las adhesiones que el éxito siempre lleva implícito, fueron los factores que animaron a medio millar de personas a desplazarse a Madrid y a otro miles más a celebrar por las calles de los municipios de Barbanza, Muros y Noia la gesta coruñesa.

07 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Las sedes de las peñas deportivistas -todas ellas instaladas en establecimientos hosteleros- estuvieron a reventar. Por los once municipios de la zona se improvisaron pequeños «bernabéus» en los que se alentó al Deportivo para alcanzar el segundo título de copa. También los merengues barbanzanos no faltaron a su cita, convencidos de disfrutar del primer regalo del centenario. E incluso en los «santuarios» culés llegó a hacerse causa común con el deportivismo, olvidando viejas discrepancias. Cada gol del Dépor encontró su réplica con alborozos, petardos y bombas de palenque por los seguidores blanquiazules, vil tortura para los oídos merengues y música celestial para los barcelonistas, con los que no iba la noche, a no ser para saciar su apetito antimadridista. Ni el atisbo de esperanza del «raulazo» desanimó a la parroquia coruñesista. Y con el pitido final, irrumpió la apoteosis en forma de caravanas de coches, golpes de claxon, más bombas de palenque, fuegos artificiales, himnos y vítores, hasta bien entrada la madrugada.