La «rubia» entra en la leyenda

La Voz

BARBANZA

C. QUEIJEIRO

ANA GERPE CRÓNICA Comerciantes y hosteleros del área barbanzana ya han dejado de aceptar pagos en pesetas

01 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

I todavía conserva algunas pesetas en casa guárdelas como legado para los herederos o acuda a una entidad bancaria para cambiarlas por la única moneda aceptada desde ayer para los pagos en metálico, el euro de la unión económica. Desde luego, en los establecimientos comerciales y hosteleros del área barbanzana no podrá usarlas porque ya no admiten pesetas, como pudo comprobar personalmente ayer una redactora de La Voz de Galicia en los municipios de Ribeira, Porto do Son y Noia. Los vendedores han cambiado el chip y da la impresión de que han cobrado en euros toda la vida. La rubia es leyenda, y eso que hasta este jueves todavía era de curso legal. Más que un día parece que haya pasado un siglo o un milenio. Una persona entra en un establecimiento, da igual que se trate de un gran supermercado situado en el casco urbano de alguno de los once ayuntamientos de la zona como de una típica taberna de aldea, el pago con pesetas no se acepta ni aunque jure que no se dispone de otra cosa. La escena de quien intenta desprenderse de las últimas pesetillas sin pasar por el banco es la siguiente: -¿Me da una barra de pan? -¿Artesana? -Sí, ¿cuánto es? -57 céntimos -¿Puedo pagar en pesetas? -No, a partir de hoy únicamente cobramos en euros. En Ribeira, una vendedora, además de negarse a cobrar en pesetas, explicó a la clienta -sin saber que se trataba de una periodista- que en los bancos aún cambiaban la extinta moneda sin coste alguno. Otro tendero le comentó amablemente que está penalizado admitir el desaparecido metal. Sólo un par de trabajadores del gremio indicaron que a un cliente habitual de su establecimiento sí le aceptarían, de forma excepcional, abonar la compra con la antigua divisa de todos los españoles. En algún comercio, a mediados de febrero ya empezaron a prevenir a los usuarios de que el día 28 era el último de pago con la rubia. Los vendedores tenían ganas de que llegase el 1 de marzo y concluyese el período de convergencia. «Era un lío andar con dos monedas, que si calculadora, que si compartimentos separados en las cajas, un jaleo que demoraba mucho la atención», aseguraba una profesional noiesa. A los compradores tampoco parece haberles disgustado. De hecho, el 90% de los consultados asegura que se desprendió de las pesetas en cuanto tuvo la ocasión. «Se hai que facelo é mellor de golpe, da outra forma non te acostumas a pensar en euros e, aínda así, xa me costa traballo, ás veces non sei nin calcular o que levo na carteira», decía una sonense.