La acogida de la gente tuvo mucho que ver en que la dificultad para adaptarse a las costumbres ribeirenses fuese mínima para María Quirian Torres y su familia, quienes se muestran agradecidos. También con las instituciones. «Siempre nos ayudaron muchísimo», apuntan. En su camino se toparon también con personas que no colaboraron tanto. «Aunque también nos mostramos agradecidos a los que nos ayudaron con mala intención», dicen con segundas. María Quiran Torres explica: «Los chilenos recibimos primero a muchos gallegos y a muchos barbanzanos y ahora somos nosotros los que venimos en busca de un trabajo. Son las cosas de la vida». Desde su situación actual, María Quirian Torres dice sentirse muy satisfecha de la decisión que un día la llevó a hacer las maletas para trasladarse a Ribeira.