Los arrastreros barbanzanos constatan un vertiginoso descenso de las capturas de cigala a pesar de la reducción del número de buques La flota del arrastre experimentó una auténtica transformación en los últimos años. Los armadores renovaron parte de las embarcaciones, ahora mucho más grandes y potentes, por lo que también cambiaron su forma de trabajo. El sector faenaba normalmente con artes de fondo, siendo la cigala uno de los tesoros más preciados. Este marisco era, junto a la nécora, el principal ingrediente de lujosos banquetes, debido a su calidad y sabor. La especie prácticamente desapareció de las lonjas de la zona y su subasta es casi testimonial. Los marineros son incapaces de explicar los motivos de la escasez de este crustáceo.
18 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Los puertos de Ribeira y Muros cuentan con una importante flota de altura, principalmente del arrastre. Hace unos años, uno de los tesoros más preciados por estas embarcaciones era la cigala, un marisco muy apreciado y con una fuerte demanda tanto en Galicia como en otras comunidades. Pero la renovación de las flotas provocó que estas embarcaciones fuesen más potentes y más grandes, por lo que también fue necesario reconvertirse. Así, poco a poco, casi sin darse cuenta, la mayoría de los barcos pasaron de trabajar con el arrastre de fondo al de superficie. Esta medida provocó que las principales capturas sean ahora el lirio y el jurel. El descenso de las ventas en las lonjas de Ribeira y Muros en los últimos ocho años es vertiginoso. En 1994, en Santa Uxía se vendieron noventa toneladas a un precio medio de 12,40 euros (2.060 pesetas); en 1995 otras 97 toneladas, mientras que el año pasado sólo pasaron por los controles de la rula 16.454 kilos, 3.000 más que el ejercicio anterior, aunque la cotización se duplicó. Ventas en Muros La situación es similar en Muros. Durante 1997 se vendieron 32 toneladas a un precio medio de doce euros (dos mil pesetas). El año siguiente se subastó la mitad de este producto y en 1999 sólo nueve toneladas. Pero la caída fue mucho más pronunciada en el 2000, con sólo 420 kilos contabilizados, detectándose una leve mejoría el año pasado al subastarse un total de 1.088 kilogramos, que se pagaron a un precio medio de 29,45 euros (4.900 pesetas). La cigala que se vende en la comarca es muy solicitada en toda España, debido a su calidad y a su sabor. En Muros, hace unos años se llegó a celebrar una fiesta de exaltación de este crustáceo, que hubo que suspender por falta, precisamente, de materia prima. El crustáceo vive en fondos blandos, de entre 50 y 700 metros de profundidad, según la temperatura. Por la lentitud de su crecimiento -cinco años para madurar sexualmente- es necesario ser exigentes con las tallas mínimas.