CARLOS GARCÍA BAYÓN PIEDRAS ILUSTRES
18 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Boiro, cuyo topónimo ofrece tantas interpretaciones, tiene sus raíces urbanas a orillas de la secular senda que llevaba a Compostela y que era a la vez Camino Real, Sacramental y vía comercial. Es lo que hoy sigue llamándose Camiño Vello o rúa do Cruceiro. Su tránsito enlaza sucesivamente el templo de Santa Baia, Cruceiro, pazo de Fonteneixe y Tenencia. A las riberas quedan, entre otras, protegidas con poderosos muros, las propiedades parroquiales de su casa rectoral en lo alto. Pero la casa rectoral es hoy una patente ruina, casi abandonada, mostrando sus despojos. Dicen que tratan de evitar el total descalabro y erguir de nuevo su gracia neoclásica. Ojalá surjan mecenas, aunque son muchos los euros que se precisan. Actualmente es una herida en el paisaje de vides y parras que la circundan. Sin embargo, aún en el interior de la rectoral viven testimonios excepcionales de arte, como por ejemplo el Cristo que cuelga de una de las paredes a orillas de la escalinata y que ofrece el dibujo de esta ventana de Piedras Ilustres. ¿Cómo sigue allí, solitario, olvidado, cuando su valor artístico e histórico puede encender la tentación y que se lo lleve sin problemas cualquier osado y entendido ladrón? Yo muestro aquí esta joya del primitivo templo boirense por dos objetivos: para que se conozca su existencia, y segundo, para que se evite el posible robo. Hay paisajes arquitectónicos en Santa Baia donde entronizar el Cristo con toda dignidad y fuera de las manos de cualquier bandolero. ¿Quién tiene la palabra? La mía queda dicha. ¿Es que acaso no merece culto popular y estético, oraciones, cirios, flores? ¡Cómo duele verlo allí, solitario, sin fieles, al borde de la ruina! Ni Cristo merece eso, ni Boiro, ni la belleza.