Confidencias en la lejanía

CARLOS GARCÍA BAYÓN RIBEIRA

BARBANZA

José Ramón Barreiro, nacido en Ribeira, pasó los primeros años de su vida y su juventud en la comarca Todo esto de la pasión y la sacralización de la Historia en el clan de los Barreiro viene del patriarca José Barreiro Barral. Don José ejercía de maestro a orillas de la ría de Noia y con frecuencia recorría la ribera apasionadamente observando, escuchando, anotando, de Carnota a Portosín. Nadie como él conoció el Pindo, sus rocas, Porto do Son, sus gentes... Se aventuraba por cualquier senda, documento, leyenda y así iban saliendo a la luz sus libros. Esta pasión la heredó su hijo José Ramón Barreiro, nacido en Ribeira. Un hermano de la madre, sacerdote, colaboró en sus estudios y Ramón entró en el seminario.

05 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Tras licenciarse por la Universidad Gregoriana de Roma en Derecho Canónico, cursó Filosofía y Letras, se doctoró en Historia y alcanzó la cátedra de la universidad compostelana. Claro que en el transcurso de estos avatares el ribeirense se casó con Beatriz López Morán, también licenciada en Historia y con un libro editado, magnífico, que habla nada menos que del bandolerismo gallego y de aquellas gavillas de Pepa a Loba, Xan Quinto, Manuel Casanova que también estudiaron Clacell y Durán y las páginas de Valle-Inclán. Yo visité al matrimonio un día de acacias en flor con la primavera adobando la sangre. Tenían la casa en A Coruña, piso quinto. El sol lucía esplendoroso, como lucía la belleza de la esposa de José Ramón. El ribeirense liaba cigarros y liaba sus saberes históricos y galaicos. En el preámbulo del encuentro, por extrañas razones, se me ocurrió recordar un pasaje de Machado que decía: «La vida es como un puente que va del ayer al mañana». La pasión por los libros Asomado vi a Barreiro, que contemplaba el pasar del agua o la historia. Era agua heracliana en la que nadie se baña dos veces. Por los estantes había libros y libros, viejos y gruesos textos forrados de cabritilla. Beatriz me enseñó la casa, más libros y pergaminos, más carpetas y legajos. La biblioteca eran diecisiete mil textos, como para naufragar. José Ramón Barreiro aún sigue siendo hoy hombre fornido, atlético, curioso, insaciable, como un caballero santiaguista. Para ilustrarme de sus músculos me dijo que eran el resultado de trotar mundos y corredoiras, que carecía de colesterol y que era devoto de las fanecas fritas y la empanada de zamburiñas o berberechos. -¡Ay, las fanequitas de Ribeira y los berberechos de Noia! -confesó sonriendo. La cabeza de Barreiro aún sigue siendo marmórea con la gran calva del frontal al occipital y decorada en los parietales con los ricitos de la melena. Dentro del caletre habían nacido ya sobrios y sabios trabajos sobre Galicia dedicados a su federalismo, carlismo, a la época de la Ilustración...