ALICIA FERNÁNDEZ EL CONFESIONARIO
29 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Es difícil resumir un año en unas líneas. Si me piden una palabra, sería convulso, porque este año está situado en una época de transición y muchas de sus expresiones fueron espasmódicas, inesperadas y sorprendentes. Un año marcado por grandes acontecimientos -positivos unos pocos, negativos los más- pero que parecían no ser un final en sí mismos, sino antesala de otros. En enero había temporales en Galicia, con solicitud de ayuda por parte de cofradías y concellos, terremotos en El Salvador y la India, desmantelamiento de la flota que faenaba en Marruecos, balance siniestro de la vía rápida del Barbanza y, por si fuera poco, investían presidente a Bush después de un recuento que podrían firmar los hermanos Marx. A mediados de año llegaron los problemas con inmigrantes muertos que querían votar, huelga de los pilotos de Iberia que quieren cobrar y aumento de casos de malos tratos a mujeres. En el Barbanza supimos que descendía el número de alumnos para el curso escolar siguiente y que en Boiro había una vez un pazo pero que no se sabía de quién era o de quién podría ser. En septiembre, con el café del día 11, tomamos un amargo licor: se cayeron las torres gemelas y la esperanza de muchas personas. El mundo, atónito, vio desplomarse uno de los símbolos americanos y emerger el odio y la ira a partes iguales. Llegó el otoño y después de una pobre e insulsa campaña, más de dos millones de gallegos elegimos representantes para gobernar hasta el año 2005. Tras los resultados, como siempre, todos ganaron y por tanto no hubo autocrítica, ni período de reflexión y mucho menos modificación de postura alguna... Así, no me extraña que los movimientos sociales más importantes del año -anti-globalización y contra la LOU- se realizaran al margen de la política partidista. Para finalizar el año nos quedaba el recrudecimiento del conflicto palestino-israelí, con más de mil muertos en año y medio, la crisis de Argentina, con muchos barbanzanos inmersos, y el conflicto en la Cofradía de Noia, con querellas cruzadas entre los dos bandos, incluido el titular de la Consellería de Pesca. Pero pese a que la Xunta y el Gobierno central no aportaron ni la calderilla para los daños de los temporales, que El Salvador y la India siguen tan mal como siempre, que los marineros y armadores que faenaban en Marruecos se abocan al paro, que en la vía rápida hay cada vez más accidentes, que envejece la población de Barbanza, que el pazo de Goiáns no acogerá a todos los boirenses, que después del las muertes del 11-S vinieron las de otros inocentes y que en la Xunta todo sigue igual, al menos piensen que seguimos viviendo y por tanto hay esperanza. Les deseo Salud y Paz en el 2002.