El progreso introdujo numerosas modificaciones en la artesanal tarea de hacer y reparar redes «Una, dos, tres, cuatro...» y otra vez a empezar. Esa era la cantinela que, durante muchos años, se escuchó en los puertos barbanzanos. Salía de la boca de las rederas. Era una actividad que daba vida a los muelles cuando los maridos, los padres o los hijos de estas mujeres luchaban en el mar por traer el pan a casa. Pero la modernidad también hizo mella en este oficio, todavía artesanal en muchas zonas, pero en el que ya hay pocas trabajadoras. Y las que quedan ya no se afanan desde que sale el sol hasta que se oculta en las calles o en los muelles. Lo hacen en los bajos de los edificios o en galpones donde guardan los útiles.
18 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Siempre fue un oficio de mujeres, «aunque en Noia eran los hombres los que ataban las redes», recuerda una profesional de Porto do Son. Pero en el resto de pueblos marineros de la zona, las mujeres eran las que se encargaban de tener listos los aparejos para que los hombres de la casa saliesen a ganarse la vida en el mar. Para ello, sus esposas, madres e hijas de corta edad se armaban de paciencia y montaban y reparaban las artes de pesca. «En O Son, los barcos pescaban sardina y la malla era muy pequeña», recuerda una trabajadora de la zona. Algunas se hacían de hilo y otras llevaban un paño en la parte central que se compraba hecho y sólo había que montarlo con las cadenetas y los plomos. Este trozo de tela había que meterlo cada quince días en un líquido marrón para que sobreviviese al salitre del agua del mar y a los envites de la pesca en sí. El recipiente se llamaba encascador y todas las casas en las que había barco tenían el suyo. Pero las cadenetas y los cabeceros de las piezas había que hacerlas artesanalmente, «y costaban su trabajo», recuerda una profesional con la aguja en la mano. Y todo esto se efectuaba de pie, «por lo que la espalda sufría bastante durante la jornada», apunta la mujer. Después, las rederas hacían la malla ya sentadas: «Ahora viene hecha, así como el esmalle, y sólo hay que colocarlos», explica, lo que es una ayuda del progreso. Cambio de material Con el paso de los años, cambió el material con el que se fabricaban las redes. Al principio se hacían de hilo con destino a los barcos que pescaban sardina. Luego llegó la modernidad y con ella el nilon, que se convirtió en el material con el que se capturaron buena parte de la especies que llegaron a los puertos barbanzanos, puesto que con él se fabricaron la mayoría de las trampas. Bastantes años tuvieron que pasar también para que la tanza se adentrase en este campo y fuese otro de los materiales con los que las redes llegaron al mar. Un material que pervive en la actualidad y con el que se fabrican las artes del miño.