Los camariñenses Dequenquen desataron la hilaridad del público de Ribeira con su escenificación de la pieza «Aquí non paga ninguén» Aficionados en apariencia, profesionales en la forma, la compañía Dequenquen cautivó a los ribeirenses con su excelente adaptación de la pieza «Aquí non paga ninguén», original de Darío Fo. Unos actores cuya interpretación evidenciaba muchas horas de trabajo corporal y no menos de declamación, convirtieron a los espectadores en partícipes de una revolución en la que hasta los obreros más dóciles se revelan contra el sometimiento de unos patrones y empresarios sin otro fin que su enriquecimiento. La única nota negativa la pusieron un par de espectadores que demostraron ser incapaces de ver la función sin cuchichear.
24 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Aquí non paga ninguén es una comedia con un trasfondo social que invita más a la reflexión que a la risa. El argumento se articula en torno a obreros que, cansados de apretarse el cinturón para llegar a fin de mes, de promesas gubernamentales siempre incumplidas y de sentirse vigilados por las fuerzas del orden, deciden sacudirse de encima el pie que los asfixia y los machaca. Los actores supieron dar el toque exacto de comicidad y dramatismo a sus personajes para trasladar al público un ambiente semi-revolucionario que en algún momento pareció invadir toda la sala. Destacar, si cabe, la versatilidad y excelentes dotes cómicas de Manuel Vidal, que parodió con igual acierto a un guardia civil sumiso, a un empleado de pompas fúnebres y a un suegro que estaba de vuelta y media. En cuanto al director, Artur Trillo, supo resolver con un atinado juego de luces y una estratégica colocación de biombos negros, sin cambiar el decorado, las escenas que se desarrollaban fuera de la casa; una buena estrategia para solventar la escasez de recursos. La mejor prueba de que la representación gustó a los asistentes fueron las risas y los aplausos. Los espectadores aprovecharon cada breve paréntesis interpretativo para batir palmas y la gran ovación llegó al término de la función. Los actores tuvieron que salir cuatro veces a escena para saludar al público que en alguna fila, incluso, llegó a ponerse de pie para hacer más cálido su homenaje a Dequenquen. La formación fue una digna sustituta del grupo profesional Talía, que no pudo actuar, como estaba previsto, por problemas internos.