Dolores Calo, responsable del equipo que trabaja en Porto do Son
16 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Hace dos años, cuando se realizó la revisión del censo agrario, a Dolores Calo le tocó ir casa por casa portando los cuestionarios. En esta ocasión, su labor es supervisar el trabajo de los agentes censales y comprobar los documentos cubiertos que éstos les devuelven antes de mandarlos a la oficina comarcal, ubicada en Ribeira. -Es una labor de mucha paciencia, ¿no? -Los agentes censales, que van por las viviendas, me traen a mí los sobres en los que se guardan los cuestionarios. Yo los tengo que depurar y revisar todos antes de enviarlos a Ribeira. -¿Cuáles son los principales problemas con los que se encuentran? -En general, la gente está respondiendo bien y no pone pegas, pese a que algunas de las cuestiones son bastante personales, como preguntarles por su estado civil, su ocupación laboral... Pero los principales problemas los tenemos cuando no encontramos a los vecinos en casa. Además, las viviendas están muy diseminadas al ser un medio rural y hay distancias considerables entre ellas. Otro inconveniente añadido es que si no encuentras a la persona en su hogar tienes que volver hasta seis veces en horas distintas. -¿Qué temas se abordan en los cuestionarios? -Al ser un censo de viviendas y población, se pregunta sobre el hogar y las personas que lo forman, también sobre la situación de la vivienda. Otro cuestionario es para el padrón de los concellos y, finalmente, un documento es para que lo cubran individualmente los mayores de dieciséis años. -¿Se formulan preguntas peliagudas? -Como te dije, algunas preguntas son personales y hay gente que se muestra un poco reacia, pero, en general, no. Dentro de una misma parroquia hay vecinos que te invitan hasta a café y otros te dejan cubriendo los textos en la puerta. Aunque, por el momento, no hay mayor problema en este sentido y la gente es bastante receptiva.