La tristeza se dibujó en los rostros de los mariscadores noieses al comprobar la escasez de bivalvos en la primera jornada de campaña Cinco y media de la madrugada de ayer. Comienza la peregrinación de gorros de lana, botas de goma, chaquetones y rastrillos hacia las concesiones de Pedras. Son las mariscadoras de la Cofradía de Noia que acuden puntuales a su primera cita con la campaña extractiva. La meteorología está de su lado, ya que la ola de frío se encuentra en fase de remisión. No ocurre lo mismo con el «maná» que llevan semanas ansiando acariciar con sus dedos. Hacia las nueve de la mañana, inician el camino de regreso a la lonja de Testal con los barreños cargados de decepción ante la escasez de bivalvos con la que han sido saludadas por su amiga la luna.
12 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Jornada aciaga la de ayer para los mariscadores de la Cofradía San Bartolomeu de Noia, especialmente para los cientos de mujeres que doblaron sus espaldas para escarbar en los bancos de Pedras. El estreno no pudo ser más nefasto. Ellas fueron las primeras en incorporarse a la faena, a partir de las cinco y media de la mañana. Aunque en esta ocasión, por mucho que madrugaron no recibieron el premio esperado. De poco sirvieron las linternas porque poco fue lo que vieron. La mayoría regresaron a partir de las nueve de la mañana a la lonja de Testal con menos de un quilo de cada especie. El rey de la playa, el berberecho, brilló por su ausencia, lo mismo que la almeja babosa. La sesión de apertura se convirtió así en uno de esos días en los que semeja más conveniente marcar un mínimo que no un máximo de capturas, ya que ni por asomo se aproximaron a los topes establecidos por la junta general. La extrema escasez de marisco dio pie a que alguna trabajadora de la sección de a pie se lamentase, mientras guardaba cola a las puertas de la rula, de que lo recolectado ayer «non me dá nin para pajar o chubasqueiro que merquei para a campaña», se quejó. Los contados frutos obtenidos motivaron, a su vez, alguna que otra discusión con los encargados de las básculas: «¿Pero como me podes dicir que esa ameixa é de terceira cando se ve claramente que é de segunda categoría?». «¿Pero ti viches algunha vez diante unha xaponesa?». Comentarios como éstos salieron a relucir en la lonja de Testal, donde los ánimos estaban tan por el suelo que hasta faltó paciencia para soportar la lentitud con la que se movía la cola. Mejor suerte que las mariscadoras de a pie, aunque sin mucha diferencia en cuanto a volumen de capturas, corrieron los representantes del sector de a flote. Al pisar tierra, el disgusto se tornó generalizado: «Eche unha miseria, non hai nada de nada, cuncha e máis cuncha», lamentaban. Las mariscadoras se consolaban con la previsión para mañana de una marea mejor.