Un concierto sin instrumentos

MODESTO DEL RÍO RIBEIRA

BARBANZA

SIMÓN BALVÍS

La agrupación Tristáns interpretó en Ribeira la obra musical «A capela o muelte», que recibió numerosos aplausos del público asistente La muestra de teatro de Ribeira incluyó en su programación del viernes la obra del grupo Tristáns «A capela o muelte», que se pronuncia así, con acento cubano, según Patricia de Lorenzo. No hacen una actuación dramática al uso. Más bien, «un concierto en el que hay elementos teatrales», tal y como afirmó el bajo, Ramón Bermejo. Entre los temas se intercalan «gags» humorísticos que hicieron las delicias del público. Según Bermejo no hay un argumento en la obra, aunque se puede apreciar una línea narrativa, con la presentación de los componentes del grupo y de sus características psicológicas.

20 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El auditorio municipal de Ribeira volvió a llenarse, como todas las semanas, pero no con tanta rapidez como el viernes anterior. Sin embargo, el público se quedó enseguida atrapado por la calidad de las voces de Tristáns. Ya lo había anunciado Ramón Bermejo: su intención era sorprender a los espectadores..., y hasta ahora siempre lo han conseguido. El papel de presentadora lo interpretó Patricia de Lorenzo, que ocupó el lugar central del grupo y se encargó de explicar directamente al público qué temas se iban a escuchar y cuáles eran sus peculiaridades. Además, cada uno de los cantantes tuvo la oportunidad de interpretar un solo. Surgieron enemistades entre unos y otros, siempre causadas por su excesivo afán de protagonismo. Los intérpretes fueron presentándose sucesivamente. Así, la audiencia pudo conocer secretos de todos, como que Ramón es el más veterano y que tiene tres cuerdas vocales en vez de dos, que la más jovencita es Terela, que Ángeles hizo un curso de canción diatónica o que el éxito de un concierto se mide por el tamaño del cerco de sudor de Jose, el tenor. Momentos irrepetibles Hubo momentos irrepetibles a lo largo de la obra, como el combate entre el bajo y la soprano, que puso los pelos de punta a más de uno y arrancó entusiastas aplausos, que se repitieron después de las interpretaciones. Sin embargo, la obra no pareció gustarles mucho a los pequeños de la casa, a los que costó bastante escuchar tanta música seguida, y lo expresaron a su manera: levantando la voz o abandonando una y otra vez de sus butacas. Por otra parte, la escenografía se redujo a unos cuantos elementos de andar por casa que se emplearon durante la representación: unas fregonas, una regadera, una botella de güisqui y unos botellines de agua mineral. No todos tuvieron el mismo uso aunque cumplieron una función básicamente humorística. Por lo demás, lo único verdaderamente imprescindible para los artistas de Tristáns fue el micrófono que utilizó cada uno.