Los médicos barbanzanos no acaban de definirse respecto a su opinión acerca del presunto peligro que para la salud suponen estas ondas radioeléctricas. La desinformación es generalizada, de ahí que se abstengan de enjuiciar y que existan posturas dispares. Una doctora de Porto do Son sugiere cierta relación entre el aumento de los «problemas cardíacos, infartos o arritmias» y la proliferación de antenas, que, afirma, provocan un campo electromagnético que afectaría al funcionamiento normal del organismo. Sin embargo, uno de sus colegas ribeirense afirma tajantemente que no hay riesgo, que «no está nada demostrado, ni siquiera en caso de sobreexposición». El desconocimiento y la controversia en este asunto es común en todo el mundo. La propia Organización Mundial de la Salud no se ha pronunciado de manera definitiva sobre si existe algún efecto pernicioso o no. En contra de lo que se pueda pensar, según un ingeniero de telecomunicaciones, la radiación no se incrementa con el aumento de centros emisores; sucede a la inversa. Según el experto, cuantos más puntos haya emitiendo ondas, la potencia puede ser menor, porque al estar juntos se favorece la intercomunicación y el espectro electromagnético se mantiene con más facilidad. Los especialistas dicen que el uso de un teléfono móvil es más perjudicial que las ondas de una antena, ya que el móvil las emite justo al lado de la cabeza.