Vuelta al pasado en juegos de madera

CARMEN BROZ RIBEIRA

BARBANZA

La comunidad educativa de Olveira recupera entretenimientos populares gallegos para promoverlos entre las nuevas generaciones Cada curso, los alumnos del colegio de Olveira descubren un juego, que es nuevo para ellos pero no para sus abuelos, que en los tiempos en que las videoconsolas estaban lejos de apoderarse del ocio de los pequeños, se lo pasaban en grande con cuatro tablas de madera. Hace siete años, los profesores del centro decidieron recuperar los «xogos» populares gallegos para dárselos a conocer a las nuevas generaciones. Desde entonces, durante una semana, coincidiendo con la celebración del Día das Letras, el patio de la escuela se llena de críos que hacen rodar aros de hierro o se pasean por el césped subidos en zancos o «carros de freos».

28 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Estamos en el exterior del colegio público de Olveira, en el que se imparte Educación Infantil y Primaria. Una escuela que, a primera vista, nada tiene que envidiar a los grandes centros escolares de la capital. Situada en pleno campo, cerca de la costa; aquí se respira aire puro. La amplia parcela de césped que rodea el edificio parece ideal para el esparcimiento de los niños. Todos los alumnos, así como sus profesores, están fuera de las aulas. Nada más llegar, se ve a un grupo de pequeños que con una vara en la mano, giran aros de hierro. Algo que algunos no hemos visto más que en películas de la posguerra. El director, Dositeo Fernández, nos explica la razón: «cada año recuperamos un juego propio de la zona, o de Galicia en general». Esta vez, le ha tocado el turno a las carrilanas de tres ruedas: «son propias del sur de Lugo y norte de Orense», comenta. Resulta que el director es lucense. Aquí hay profesores procedentes de distintos lugares de la comunidad, y cada uno propone algo de su zona. También los chavales han aportado ideas, preguntando en casa a sus abuelos con qué mataban el tiempo de cativos. Los propios docentes construyeron zancas, carros, birlos y demás, tratando de adaptarse lo más fielmente posible a los de antaño y empleando madera autóctona. El material resulta barato y además lo subvenciona la Xunta, ya que la iniciativa partió, hace siete años, del equipo de normalización lingüística del colegio: «Queríamos que los niños se diesen cuenta de que la cultura gallega no se reduce a la lengua, sino que tenemos muchos otros elementos que forman parte de nuestra tradición». Los juguetes del rural gallego parecen convencer a los escolares, a quienes previamente se les ha relatado cómo se divertían sus antepasados, no hace tanto tiempo. Durante una semana, el entretenimiento es el rey de la celebración de las Letras Galegas. Cada año se suma un nuevo instrumento, de forma que poco a poco los del colegio, se están haciendo con una buena colección de juegos, que se aprovechan también el resto del curso.