El ribeirense Francisco Landeira Sevilla, que fue obispo de Murcia, participó activamente en las sesiones del Concilio Vaticano I En 1869, el obispo de Murcia, el ribeirense Francisco Landeira Sevilla, se desplazó a Roma atendiendo a la llamada del papa Pío IX, para participar en el Concilio Vaticano I cuando la capital trasalpina estaba asediada por las tropas italianas que culminaban así el proceso de unificación del país. Las cualidades y la activa participación de Landeira, que asistió a todas las sesiones conciliares y firmó todas las actas de los debates de los cónclaves, no pasaron desapercibidas para el sumo pontífice que honró al ribeirense con las distinciones de prelado doméstico de su santidad, asistente al sacro solio pontificio y noble romano.
23 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La carrera eclesiástica de este ribeirense bien pudo seguir otros derroteros, de haber tomado en consideración importantísimas propuestas que le hubieran abierto las puertas a las más altas instancias eclesiásticas de su tiempo, pero problemas de salud por un lado, y el amor a su tierra murciana de adopción por otro, le hicieron desistir y rechazó consecutivamente los arzobispados de Burgos y La Habana. En 1874 renunció también a la sede metropolitana de la capital del Turia, cargo para el que fue requerido con insistencia en sucesivas ocasiones, sin éxito, por el propio presidente de la república Emilio Castelar, quien llegó a nombrar a Landeira de forma oficial arzobispo de Valencia, aunque no llegó a ocupar el cargo. En el círculo de amistades del prelado se encontraban, entre otros distinguidos personajes de su tiempo, Carlos María Coronado, antiguo amigo y compañero del claustro universitario madrileño que en los años sesenta desempeñaría el cargo de ministro de Gracia y Justicia; y la madre Sacramento, «la Santa Teresa del siglo XIX», seglar vizcondesa de Jorbalán, que con el tiempo sería elevada a los altares, con quien mantendría una estrecha amistad avalada por una importante relación epistolar y a la que Francisco prestaría su inestimable ayuda, como experto canonista que era, para la confección de los estatutos de la Congregación de Monjas Adoratrices que ella fundó. También la propia reina Isabel II sentiría una gran estima por el ribeirense, hasta el punto que durante su visita a tierras murcianas el 23 de octubre de 1862, con motivo de la inauguración de la línea de ferrocarril Cartagena-Murcia, ella y su marido Francisco de Asís se alojarían en el palacio episcopal de la ciudad. Tampoco los diferentes gobiernos de Isabel II, del Sexenio Revolucionario y de la I República -aunque teñidos estos últimos de un fuerte anticlericalismo con el que se enfrentó en no pocas ocasiones el mitrado murciano- fueron insensibles a la personalidad, la talla moral y la valía intelectual de Francisco Landeira.