En sus aulas y pasillos se dejaron de oír las risas y el barullo de los niños. Y es que Educación decidió cerrar las puertas de muchas escuelas unitarias barbanzanas por falta de demanda de matrícula. Para aprovechar el espacio, hoy en día estos inmuebles son sede de asociaciones sociales o deportivas, lugar de reunión vecinal o, simplemente, almacenes municipales, como ocurre con la boirense ubicada en Exipto.
28 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Es el caso de Ribeira. La de Corrubedo dejó de funcionar este año y sus dependencias sirven como salas de usos múltiples; la de Bretal se tiró y parte del local de la de Oleiros se ha cedido a una entidad sin ánimo de lucro. Por lo que respecta a Boiro, una entidad vecinal y clubes de fútbol utilizan la de Valiño; la de Montañó, la comunidad de montes, y la de Mieites está en ruinas. La unidad de Agramuíña es sede de un grupo evangelista y la de Escarabote es centro de reunión para entidades de todo tipo. En Lousame, la única escuela que se mantiene activa es la de Sanguiñal-Figueiroa, en Tállara, donde reciben clase ocho chiquillos. Los restantes inmuebles, una decena, aproximadamente, funcionan como locales sociales. En Noia, las funciones educativas han dado paso también a un uso de carácter vecinal de estas construcciones, como ocurre en O Obre y Pontenafonso. Otras, como la de A Barquiña y Sampaio, cobijan a personas con escasos recursos económicos. En Porto do Son se imparte clase en Baroña, Queiruga -donde hay dos-, Lapido y Seráns. Varias escuelas unitarias de Carnota, Muros y Outes se transformaron en centros sociales debido a la falta del alumnado exigido para proseguir con la actividad docente. Así sucede con las unidades de O Pindo, Caldebarcos y Paos, en Carnota; Louro y Abelleira en Muros, y tres aulas en el municipio outiense.