Nada más y nada menos que 7.566. Esta cifra es la de comuneros distribuidos entre las diferentes localidades que conforman el territorio barbanzano. Al menos, este es el dígito que tiene validez a los ojos de la Xunta de Galicia. De hecho, ha sido facilitado a nuestra Redacción por el jefe de Protección de Montes de la Consellería de Medio Ambiente, Emilio Rosa Solana. Desde ese departamento trasciende, además, que están constituidas oficialmente un total de 133 comunidades vecinales repartidas entre Barbanza, Muros, Noia y Mazaricos. Estos colectivos tienden su bastón de mando y gobiernan sobre 139 montes, lo que se traduce en una extensión forestal de casi veinticinco mil hectáreas. Los municipios con mayor peso, en lo que a número de propietarios se refiere, son Rianxo (con 1.892 titulares), Porto do Son (1.619) y Ribeira (con 1.199). Lousame a la cabeza Sin embargo, los que concentran mayor número de agrupaciones son Lousame, donde funcionan 33 comunidades; y Boiro, con treinta. En el lado opuesto se sitúa el ayuntamiento de Outes, en el que, según los datos proporcionados por el Ejecutivo autonómico, no hay registrado ningún monte vecinal en mano común. De las 101 entidades forestales que integran la organización gallega, pertenecen al área barbanzana alrededor de veinte, repartidas entre las localidades de Porto do Son, donde están afiliadas Ribasieira, Xuño y Baroña; Carnota, con la de Lira como única representante; y Lousame, donde operan las dieciséis restantes. La influencia de algunos de los miembros de este órgano jugó un papel determinante y crucial para que en esta zona nacieran dos mancomunidades, que son la del ayuntamiento de Porto do Son y la de Carnota.