Un siglo y como una rosa

SARA ARES NOIA

BARBANZA

El sonense Joaquín Calo Deán cumplirá 101 años el próximo día 13 El viudo sonense Joaquín Calo Deán besará el próximo día trece los 101 años de vida. Todo un récord que hace sentir orgullosos a sus seres queridos. De los once hijos que tuvo, viven hoy en día únicamente siete, aunque su familia se completa con veintidós nietos y 32 bisnietos. Lo que más llama la atención en el longevo anciano es la precisa memoria que conserva.

07 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Es el único de siete hermanos que permanece con vida y su estado actual de salud permite aventurar que aún le quedan por dar unos cuantos bocados más al mañana. Aunque abrió los ojos por primera vez en Baroña, Joaquín Calo Deán reside en la actualidad en el casco urbano de Porto do Son, junto a su hija Carmen. En esta residencia familiar, disfruta también de la compañía de su nieta María Jesús y dos de los 32 bisnietos que tiene. A tan sólo un paso de soplar las 101 velas, el protagonista de esta historia se levanta a diario entre el mediodía y la una de la tarde. Se afeita y se asea sin ayuda de nadie, camina por su casa sin la mayor dificultad y gusta de sentarse al calor de la cocina de hierro. Come de todo De vez en cuando, los vecinos que residen en la zona se lo encuentran en la calle, al abrigo del sol. Calo Deán no necesita medicarse, come todo tipo de alimentos, a excepción de salsas picantes, y sólo tuvo que ingresar dos veces en un complejo médico; la primera tuvo lugar en el año 1965, cuando tuvo que ser intervenido del estómago y pagar por ello 18.000 pesetas, la segunda fue hace trece años a causa de una neumonía. De todos estos datos se acuerda Joaquín Calo al milímetro, como si los estuviese viviendo ahora. La preciada y prodigiosa memoria que todavía conserva le permite a este centenario sonense remontarse incluso a la construcción de su primera casa en Baroña cuando «tiven que acarrexar a pedra dende o monte co carro das vacas; pagueille dez reais a cada home que traballou na obra e ademais lles dabamos dous pratos de comida ó día», narra el anciano.