Las especies marinas, pertenecientes a la familia de las medusas, llegaron a la playa de Balieiros a causa del temporal Los vecinos de la parroquia de Corrubedo se despertaron ayer con unos nuevos inquilinos que se apropiaron, sin medida, de la playa de Balieiros. Se trata de unos cnidarios, denominados científicamente velellas que los biólogos recomiendan no tocar, aunque no revisten peligro alguno para la salud.
02 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.La playa de Balieiros, en Corrubedo, despertó ayer plagada de un elevado número de especies marinas, arrastradas hasta el litoral por el temporal de viento registrado en los últimos días. Aunque el nombre científico de estos invasores es Velella, velella, son conocidos coloquialmente como barquillos, veleros o barquetas, denominación nacida de su forma. Se trata de unos familiares de las medusas, del tipo de los cnidarios, que acostumbran a vivir en mar abierto y que fueron arrastrados a la costa ribeirense por el temporal. Estos ejemplares acuáticos se mueven con las corrientes y el viento, gracias a una especie de vela transparente que tienen sobre su esqueleto. Según Javier Santiago, biólogo y profesor de Enseñanza Secundaria en Compostela, «no revisten peligro, aunque no es conveniente tocarlos cuando se encuentran vivos porque producen urticaria». Los vecinos de Corrubedo aseguran «non telos visto nunca». Sin embargo, los marineros confirman que «é habitual atopalos, por exemplo, nas costas fancesas» y aseguran que «en moitas ocasións quédanse prendidos ás redes de pesca». Individuos coloniales Las velellas viven en grupos reducidos, aunque pueden llegar a formar grandes enjambres. Se trata de individuos coloniales que poseen un esqueleto córneo y una especie de aleta que les permite desplazarse. Su intenso color azulado hace que algunas zonas se confundan con otra especie denominada aguamar. Según profesionales de la biología «no es de extrañar su presencia, ya que en playas como la de Carnota o Louro aparecen frecuentemente en épocas invernales». Los vecinos de Corrubedo pueden dormir y disfrutar de la playa tranquilos. Los simpáticos individuos mueren al contacto con la arena y no se acercan a la costa, a no ser que fuertes vientos los empujen hasta el arenal, donde una vez llegado pierden su actividad.